Recetas “Tarta tres chocolates”

Esta receta la he sacado de la pagina de Karlos Arguiñano, como es postre es de su hermana Eva, una receta rica rica y con fundamento, Egun on! Buenos días!.

Fuente: https://www.hogarmania.com/cocina/recetas/postres/201111/tarta-tres-chocolates-12833.html

La tarta tres chocolates o tarta de triple chocolate es cada vez más popular gracias a su inmejorable presentación. Es perfecta para cumpleaños y celebraciones.

Ingredientes:
  • 150 gr de chocolate negro
  • 150 gr de chocolate con leche
  • 150 gr de chocolate blanco
  • 750 ml de nata líquida
  • 750 ml de leche
  • 3 sobres de cuajada
  • 75 gr de azúcar (opcional)
  • Para la base de galleta:
  • 1 paquete de galletas
  • 60 gr de mantequilla
  • un chorro de leche
  • Para decorar:
  • sirope, figuras de chocolate…
Elaboración de la receta de Tarta tres chocolates:

Para hacer la base, tritura las galletas, échalas en un bol y añade un chorro de leche y la mantequilla fundida. Mézclalo bien hasta que quede una masa homogénea. Coloca la masa en el fondo de un molde desmontable y presiona con una cuchara para que quede compacta. Reserva.

Para hacer la crema de chocolate negro, mezcla 250 ml de leche y 250 ml de nata. Separa 100 ml de esta mezcla, echa un sobre de cuajada y reserva.

Pon la mezcla de leche y nata a fuego medio y añade el chocolate negro y 50 gr de azúcar. Remueve hasta que rompa a hervir y retira del fuego.

Agrega la otra parte de la mezcla con el sobre de cuajada disuelto y pon a fuego medio removiendo constantemente. Cuando rompa a hervir, retira del fuego y vierte la mezcla en el molde, sobre la base de galletas.

Para hacer la capa de chocolate con leche, repite el proceso pero añade 25 gr de azúcar en lugar de 50 gr. Cuando tengas la crema hecha, viértela lentamente en el molde sobre la capa de chocolate negro y reserva.

La capa de chocolate blanco se hace igual que las anteriores, pero sin azúcar. Vierte la mezcla en el molde y deja enfriar para que cuaje y no se mezclen las capas.

Cuando se haya enfriado, guarda en el frigorífico durante 3-4 horas (si se guarda toda la noche, mejor). Desmolda y sirve la tarta tres chocolates. Si lo deseas, puedes decorarla con sirope, fideos de chocolate, figuras de chocolate

Consejos y trucos:

Para que no se mezclen las capas de chocolate, cuando viertas una capa sobre otra, puedes hacerlo sobre la parte posterior de un cucharón, de manera que rebote sobre el mismo y no caiga directamente en la capa anterior de chocolate.

Además, con la ayuda de un tenedor, puedes dibujar unas líneas sobre la capa cuajada con cuidado, sin hundir el tenedor. De esta forma, la siguiente capa se sujetará bien y no se separarán al partir la tarta.

Una opción para desmoldarla fácilmente es congelarla. Después, deberás dejar que se descongele lentamente en el frigorífico.

Si quieres que la tarta sea light, puedes sustituir la nata por leche desnatada o leche vegetal (de soja) y eliminar el azúcar de la receta.

Opciones de presentación de la tarta tres chocolates:

Puedes preparar la tarta tres chocolates en vasitos individuales sin la base de galleta. Decóralos con hojas de menta o con adornos de chocolate. De este modo el postre se prepara más rápido y no es necesario desmoldar.

Tarta tres chocolates

También puedes preparar este postre únicamente con dos capas de chocolate negro y chocolate blanco.

Tarta tres chocolates

Además, puedes decorarlos cubriendo la superficie con frutas como arándanos, frambuesas o fresas, que le aportarán color y nutrientes.

Tarta tres chocolates

¿Cómo preparas tú la tarta tres chocolates? ¡Comparte tu receta en la Comunidad de cocina!

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Recetas “Pizza cuatro quesos”

Una de mis pizzas favoritos, sin duda me encanta, soy un fanático del queso y las pizza cuatro quesos realmente me chifla, me apatece compartir con vosotros una de tantas recetas de esta pizza.

Vuelvo a publicarla de nuevo, la verdad que me chifla.

Feliz Domingo

 

Fuente: http://www.recetasdeescandalo.com/pizza-4-quesos-masa-pizza-casera-facil/

La pizza y la pasta son auténticos tesoros que Italia ha exportado al resto del mundo, y la verdad es que estamos encantados con ello. En casa, todas las semanas comemos alguna vez pasta, incluso un par de veces, y aunque la pizza no tanto, también la consumimos bastante. Eso sí, cuanto más casero todo, mucho mejor.

Esta pizza 4 quesos está elaborada con masa de pizza casera, con la gran cantidad de ventajas que eso supone: la preparas con ingredientes que conoces y eliges tú, puedes elaborarla del tamaño que prefieras, y además darle el grosor que más te guste, de hecho verás más abajo que te damos la opción de prepararla finita o esponjosa. Además te recomiendo hornearla en este molde perforado para que te quede una masa horneada crujiente y perfecta.

Además, en este caso casero no significa complicado, pues la masa de pizza es una masa sencillísima de elaborar, te vas a enganchar a amasar si es que no lo has hecho ya. Y ya solo queda añadirle los quesos que más te gusten. Nosotros te hemos sugerido 4 quesos bastante contundentes, pero puedes innovar: ricotta, havarti, gruyere, cheddar… aunque eso sí, que nunca falte mozzarella para un acabado perfecto.

Si te encantan las pizzas, descubre cómo elaborar masa de pizza esponjosa y casera, o si lo prefieres, masa de pizza fina y fácil, según tu gusto. Y cuando tengas la masa hecha, prepara una exquisita y ligera pizza vegetariana, la exótica pizza hawaiana, o una sabrosísima pizza de cebolla y roquefort, ideal para los amantes de los quesos potentes 😉

Si te gusta la carne, nada mejor que la pizza barbacoa, y si quieres llevarte una especialidad en pasta directo a la pizza, decántate por la pizza carbonara, cremosa y jugosa como pocas.

 

Ingredientes para la receta de pizza 4 quesos con masa de pizza casera y fácil (para 2 pizzas redondas, o 1 pizza rectangular del tamaño de la bandeja de horno):

  • 150 gr de salsa de tomate.
  • 150 gr de mozzarella.
  • 70 gr de queso azul.
  • 70 gr de queso parmesano.
  • 70 gr de queso rulo de cabra.
  • Orégano
  • Para la masa de pizza:
    • 300 gr de harina de fuerza (más o menos unos 3 vasos de agua de 200 ml, aunque si puedes pesarla, mejor).
    • 20 gr de levadura fresca.
    • 1 cucharadita de sal.
    • 15 gr de aceite (un par de cucharadas).
    • 200 ml agua (1 vaso).

 

Preparación, cómo hacer pizza 4 quesos con masa de pizza casera y fácil:

  1. Prepara la masa si la prefieres casera. Puedes elaborar una masa de pizza fina, o la versión esponjosa que es como la vamos a preparar a continuación. Si prefieres utilizar una masa precocida, ahorrarás algo de tiempo pero no sabrá igual, así que anímate y prueba estas recetas explicadas paso a paso.
    1. Coge un bol grande, y echa la harina haciéndola pasar a través de un colador. Añade la cucharadita de sal y remueve, y haz un volcán en el centro.
    2. Calienta 200 ml de agua unos 10 segundos en el microondas para que esté tibia. Diluye en el agua la levadura fresca, y añade la mezcla al centro del volcán.Masa de pizza casera
    3. Remueve un poco con una cuchara, y añade el aceite. Remueve de nuevo para que la harina absorba el agua y la textura no sea líquida.Masa para pizza casera
    4. A continuación, enharina una superficie en la cocina o incluso mejor un tapete antiadherente, pon la masa encima y comienza a amasarla como en las fotografías:Como hacer masa de pizza
    5. Haz una bola y déjala reposar en un bol. Píntala con un poquito de aceite por encima y tápala con papel film. Déjala reposar 30 minutos – 1 hora, dependerá de la temperatura ambiente, hasta que doble su volumen.Receta masa de pizza
    6. Divídela en 2 partes y empieza con la mano a trabajar cada bola encima del tapete antiadherente. Estírala primero con las manos y luego con el rodillo, ajustando su grosor. Déjala fermentar de nuevo 30 minutos, y ya puedes añadir los ingredientes.
  2. Cuando tengas lista la masa, precalienta el horno durante 10 minutos a 200ºC, que va a ser lo que tardarás en terminarla.
  3. Sobre las bases de pizza, echa tomate frito al gusto, cubriéndolas por completo.
  4. Ahora pon por encima cada uno de los 4 quesos, dividiéndolos por toda la superficie.
  5. Espolvorea tomillo por encima, y ya las tienes preparadas.Como hacer pizza 4 quesos con masa de pizza casera
  6. Coloca la pizza en el molde perforado y métela en el horno a una altura media durante 10-12 minutos, hasta que el queso y los bordes empiecen a dorarse ligeramente.
  7. Receta de pizza 4 quesos con masa de pizza casera y facil

 

Tiempo: 15 minutos de preparación y horno (y si haces la masa, 20 minutos más 90 minutos de reposo).

Dificultad: fácil

 

Sirve y degusta:

Sirve la pizza inmediatamente, bien calentita, y córtala en 8 triángulos si es redonda, o en cuadrados si es rectangular. Verás que es una pizza esponjosa y jugosa, y para los adictos al queso una delicia, porque ves cómo se va estirando cuando coges tu trozo, es un auténtico… ¡escándalo!

 

Para cortarla fácilmente, te recomiendo este cortapizzas que además de cómodo ocupa muy poco espacio.

Receta de pizza 4 quesos con masa de pizza casera

Pizza 4 quesos con masa de pizza casera

 

Variantes de la receta de pizza 4 quesos con masa de pizza casera y fácil:

Lo cierto es que pocas veces la preparo así, ya que me encanta añadirle más ingredientes. Unos champiñones laminados le van perfectos, al igual que un poco de cebolla ligeramente doradita en la sartén.

Olivas negras, alcaparras, anchoas e incluso otros tipos de quesos pueden ser el complemento perfecto a esta deliciosa pizza, ¡experimenta!

Consejos:

La cantidad de salsa de tomate puede cambiar la textura de la pizza: si la quieres más jugosa, ponle bastante salsa, pero si prefieres que guarde un puntito crujiente, no te pases mucho.

Si te decantas por preparar la masa fina, intenta no cubrirla con mucho queso para que que el resultado final sea finito y crujiente, que también queda riquísimo 😉

 

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Personajes celebres “Francisco de Goya”

Buenos días, hoy quiero dedicar unas líneas a uno de los pintores mas grandes de la historia de España, el pintor aragones el gran Francisco de Goya y Lucientes, sin duda sus obras pictoricas son famosas en el mundo entero, y hoy quiero compartir su biografía y además mostrar algunas de sus obras.

Feliz Domingo, queridos amigos y amigas.

Fuente: http://www.biografiasyvidas.com/monografia/goya/

Nadie fue más sordo que Goya al siglo XIX, pese a haber cumplido en él casi tres décadas y haber sobrevivido a sus feroces guerras. Se quedó sordo de verdad cuando amanecía la centuria, pero no ciego. Y a fuer de mirar a su aire se convirtió en un visionario. Ese hombre cabal, lúcido y baturro gestó las pesadillas que creemos tan nuestras afincado en un Versalles provinciano y en una Ilustración de pueblo. La dieciochesca, acanallada España que le tocó vivir le valió para todo y para nada. Su tozudez y brío fueron su patrimonio: con tales alforjas saltó desde su infancia hasta la infancia de las vanguardias, que en el siglo XX lo reivindicaron como maestro. Nadie se explica aún ese raro fenómeno: fue un pintor y un profeta solitario venido desde antiguo hasta ahora mismo sin pasar por la Historia.

Francisco de Goya nació en el año 1746, en Fuendetodos, localidad de la provincia española de Zaragoza, hijo de un dorador de origen vasco, José, y de una labriega hidalga llamada Gracia Lucientes. Avecinada la familia en la capital zaragozana, entró el joven Francisco a aprender el oficio de pintor en el taller del rutinario José Luzán, donde estuvo cuatro años copiando estampas hasta que se decidió a establecerse por su cuenta y, según escribió más tarde él mismo, “pintar de mi invención”.

A medida que fueron transcurriendo los años de su longeva vida, este “pintar de mi invención” se hizo más verdadero y más acentuado, pues sin desatender los bien remunerados encargos que le permitieron una existencia desahogada, Goya dibujó e hizo imprimir series de imágenes insólitas y caprichosas, cuyo sentido último, a menudo ambiguo, corresponde a una fantasía personalísima y a un compromiso ideológico, afín a los principios de la Ilustración, que fueron motores de una incansable sátira de las costumbres de su tiempo.

Pero todavía antes de su viaje a Italia en 1771 su arte es balbuciente y tan poco académico que no obtiene ningún respaldo ni éxito alguno; incluso fracasó estrepitosamente en los dos concursos convocados por la Academia de San Fernando en 1763 y 1769. Las composiciones de sus pinturas se inspiraban, a través de los grabados que tenía a su alcance, en viejos maestros como Vouet, Maratta o Correggio, pero a su vuelta de Roma, escala obligada para el aprendizaje de todo artista, sufrirá una interesantísima evolución ya presente en el fresco del Pilar de Zaragoza titulado La gloria del nombre de Dios.

Todavía en esta primera etapa, Goya se ocupa más de las francachelas nocturnas en las tascas madrileñas y de las majas resabidas y descaradas que de cuidar de su reputación profesional y apenas pinta algunos encargos que le vienen de sus amigos los Bayeu, tres hermanos pintores, Ramón, Manuel y Francisco, este último su inseparable compañero y protector, doce años mayor que él. También hermana de éstos era Josefa, con la que contrajo matrimonio en Madrid en junio de 1773, año decisivo en la vida del pintor porque en él se inaugura un nuevo período de mayor solidez y originalidad.


Detalle de su primer Autorretrato (hacia 1773)

Por esas mismas fechas pinta el primer autorretrato que le conocemos, y no faltan historiadores del arte que supongan que lo realizó con ocasión de sus bodas. En él aparece como lo que siempre fue: un hombre tozudo, desafiante y sensual. El cuidadoso peinado de las largas guedejas negras indica coquetería; la frente despejada, su clara inteligencia; sus ojos oscuros y profundos, una determinación y una valentía inauditas; los labios gordezuelos, una afición sin hipocresía por los placeres voluptuosos; y todo ello enmarcado en un rostro redondo, grande, de abultada nariz y visible papada.

Cartonista de la Fábrica de Tapices

Poco tiempo después, algo más enseriado con su trabajo, asiduo de la tertulia de los neoclásicos presidida por Leandro Fernández de Moratín y en la que concurrían los más grandes y afrancesados ingenios de su generación, obtuvo el encargo de diseñar cartones para la Real Fábrica de Tapices de Madrid, género donde pudo desenvolverse con relativa libertad, hasta el punto de que las 63 composiciones de este tipo realizadas entre 1775 y 1792 constituyen lo más sugestivo de su producción de aquellos años. Tal vez el primero que llevó a cabo sea el conocido como Merienda a orillas del Manzanares, con un tema original y popular que anuncia una serie de cuadros vivos, graciosos y realistas: La riña en la Venta Nueva, El columpio, El quitasol y, sobre todo, allá por 1786 o 1787, El albañil herido.

Este último, de formato muy estrecho y alto, condición impuesta por razones decorativas, representa a dos albañiles que trasladan a un compañero lastimado, probablemente tras la caída de un andamio. El asunto coincide con una reivindicación del trabajador manual, a la sazón peor vistos casi que los mendigos por parte de los pensadores ilustrados. Contra este prejuicio se había manifestado en 1774 el conde de Romanones, afirmando que “es necesario borrar de los oficios todo deshonor, sólo la holgazanería debe contraer vileza”. Asimismo, un edicto de 1784 exige daños y perjuicios al maestro de obras en caso de accidente, establece normas para la prudente elevación de andamios, amenaza con cárcel y fuertes multas en caso de negligencia de los responsables y señala ayudas económicas a los damnificados y a sus familias. Goya coopera, pues, con su pintura, en esta política de fomento y dignificación del trabajo, alineándose con el sentir más progresista de su época.


El quitasol (1776-78, Museo del Prado)

Hacia 1776, Goya recibe un salario de 8.000 reales por su trabajo para la Real Fábrica de Tapices. Reside en el número 12 de la madrileña calle del Espejo y tiene dos hijos; el primero, Eusebio Ramón, nacido el 15 de diciembre de 1775, y otro nacido recientemente, Vicente Anastasio. A partir de esta fecha podemos seguir su biografía casi año por año. En abril de 1777 es víctima de una grave enfermedad que a punto está de acabar con su vida, pero se recupera felizmente y pronto recibe encargos del propio príncipe, el futuro Carlos IV. En 1778 se hacen públicos los aguafuertes realizados por el artista copiando cuadros de Velázquez, pintor al que ha estudiado minuciosamente en la Colección Real y de quien tomará algunos de sus asombrosos recursos y de sus memorables colores en obra futuras.

Pintor de la corte

Al año siguiente solicita sin éxito el puesto de primer pintor de cámara, cargo que finalmente es concedido a un artista diez años mayor que él, Mariano Salvador Maella. En 1780, cuando Josefa concibe un nuevo hijo de Goya, Francisco de Paula Antonio Benito, ingresa en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando con el cuadro Cristo en la cruz, que en la actualidad guarda el Museo del Prado de Madrid, y conoce al mayor valedor de la España ilustrada de entonces, Gaspar Melchor de Jovellanos, con quien lo unirá una estrecha amistad hasta la muerte de este último en 1811. El 2 de diciembre de 1784 nace el único de sus hijos que sobrevivirá, Francisco Javier, y el 18 de marzo del año siguiente es nombrado subdirector de Pintura de la Academia de San Fernando. Por fin, el 25 de junio de 1786, Goya y Ramón Bayeu obtienen el título de pintores del rey con un interesante sueldo de 15.000 reales al mes.

A sus cuarenta años, el que ahora es conocido en todo Madrid como Don Paco se ha convertido en un consumado retratista, y se han abierto para él todas las puertas de los palacios y algunas, más secretas, de las alcobas de sus ricas moradoras, como la duquesa Cayetana, la de Alba, por la que experimenta una fogosa devoción. Impenitente aficionado a los toros, se siente halagado cuando los más descollantes matadores, Pedro Romero, Pepe-Hillo y otros, le brindan sus faenas, y aún más feliz cuando el 25 de abril de 1789 se ve favorecido con el nombramiento de pintor de cámara de los nuevos reyes Carlos IV y doña María Luisa.

La enfermedad y el aislamiento

Pero poco tiempo después, en el invierno de 1792, cae gravemente enfermo en Sevilla, sufre lo indecible durante aquel año y queda sordo de por vida. Tras meses de postración se recupera, pero como secuela de la enfermedad pierde capacidad auditiva. Además, anda con dificultad y presenta algunos problemas de equilibrio y de visión. Se recuperará en parte, pero la sordera será ya irreversible de por vida.

La historia ha especulado en múltiples ocasiones sobre cuál fue la enfermedad de Goya. Los médicos (fue atendido por los mejores facultativos del momento) no coincidieron en cuanto al diagnóstico. Algunos achacaron el mal a una enfermedad venérea, otros a una trombosis, otros al síndrome de Menière, que está relacionado con problemas del equilibrio y del oído. También, más recientemente, se ha creído que podía haberse intoxicado con algunos de los componentes de las pinturas que usaba.

Comenzó, entonces, una nueva etapa artística para Goya. Debido a la pérdida de audición y a las secuelas de la grave enfermedad que había padecido, el maestro tuvo que adaptarse a un nuevo tipo de vida. No menguó, pese a lo que se ha dicho en ocasiones, su capacidad productiva ni su genio creativo. Siguió pintando y todavía realizaría grandes obras maestras de la historia del arte. La pérdida de capacidad auditiva le abriría, sin lugar a dudas, las puertas de un nuevo universo pictórico. Los graves problemas de comunicación y relación que la sordera ocasionan, harían también que Goya iniciase un proceso de introversión y aislamiento. El pesimismo, la representación de una realidad deformada y el matiz grotesco de algunas de sus posteriores pinturas son, en realidad, una manifestación de su aislada y singular (aunque extremadamente lúcida) interpretación de la época que le tocó vivir.

Por obvios problemas de salud Goya tuvo que dimitir como director de pintura de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en 1797. Un año más tarde él mismo confesaba que no le era posible ocuparse de los menesteres de su profesión en la Real Fábrica de Tapices por hallarse tan sordo que tenía que comunicarse gesticulando.

Majas y Caprichos

Desde los años de infancia, en las Escuelas Pías de Zaragoza, por donde Goya pasó sin pena ni gloria, une al pintor una entrañable amistad, que pervivirá hasta la muerte, con Martín Zapater, a quien a menudo escribe cartas donde deja constancia de pormenores de su economía y de otras materias personales y privadas. Así, en epístola fechada en Madrid el 2 de agosto de 1794, menciona, bien que pudorosamente, la más juguetona y ardorosa de sus relaciones sentimentales: “Más te valía venirme a ayudar a pintar a la de Alba, que ayer se me metió en el estudio a que le pintara la cara, y se salió con ello; por cierto que me gusta más pintar en lienzo, que también la he de retratar de cuerpo entero.” El 9 de junio de 1796 muere el duque de Alba, y en esa misma primavera Goya se traslada a Sanlúcar de Barrameda con la duquesa de Alba, con quien pasa el verano, y allí regresa de nuevo en febrero de 1797. Durante este tiempo realiza el llamado Album A, con dibujos de la vida cotidiana, donde se identifican a menudo retratos de la graciosa doña Cayetana. La magnánima duquesa firma un testamento por el cual Javier, el hijo del artista, recibirá de por vida un total de diez reales al día.


Detalle de La maja desnuda

De estos hechos arranca la leyenda que quiere que las famosísimas majas de Goya, La maja vestida y La maja desnuda, condenadas por la Inquisición como obscenas tras reclamar amenazadoramente la comparecencia del pintor ante el Tribunal, fueran retratos de la descocada y maliciosa doña Cayetana, aunque lo que es casi seguro es que los lienzos fueron pintados por aquellos años. También se ha supuesto, con grandes probabilidades de que sea cierto, que ambos cuadros estuvieran dispuestos como anverso y reverso del mismo bastidor, de modo que podía mostrarse, en ocasiones, la pintura más decente, y en otras, como volviendo la página, enseñar la desnudez deslumbrante de la misma modelo, picardía que era muy común en Francia por aquel tiempo en los ambientes ilustrados y libertinos.

Las obras se hallaron, sea como fuere, en 1808 en la colección del favorito Godoy; eran conocidas por el nombre de “gitanas”, pero el misterio de las mismas no estriba sólo en la comprometedora posibilidad de que la duquesa se prestase a aparecer ante el pintor enamorado con sus relucientes carnes sin cubrir y la sonrisa picarona, sino en las sutiles coincidencias y divergencias entre ambas. De hecho, la maja vestida da pábulo a una mayor morbosidad por parte del espectador, tanto por la provocativa pose de la mujer como por los ceñidos y leves ropajes que recortan su silueta sinuosa, explosiva en senos y caderas y reticente en la cintura, mientras que, por el contrario, la piel nacarada de la maja desnuda se revela fría, académica y sin esa chispa de deliciosa vivacidad que la otra derrocha.

Un nuevo misterio entraña la inexplicable retirada de la venta, por el propio Goya, de una serie maravillosa y originalísima de ochenta aguafuertes titulada Los Caprichos, que pudieron adquirirse durante unos pocos meses en la calle del Desengaño nº 1, en una perfumería ubicada en la misma casa donde vivía el pintor. Su contenido satírico, irreverente y audaz no debió de gustar en absoluto a los celosos inquisidores y probablemente Goya se adelantó a un proceso que hubiera traído peores consecuencias después de que el hecho fuera denunciado al Santo Tribunal. De este episodio sacó el aragonés una renovada antipatía hacia los mantenedores de las viejas supersticiones y censuras y, naturalmente, una mayor prudencia cara al futuro, entregándose desde entonces a estos libres e inspirados ejercicios de dibujo según le venía en gana, pero reservándose para su coleto y para un grupo selecto de allegados los más de ellos.

Mientras, Goya va ganando tanto en popularidad como en el favor de los monarcas, hasta el punto de que puede escribir con sobrado orgullo a su infatigable corresponsal Zapater: “Los reyes están locos por tu amigo”; y en 1799, su sueldo como primer pintor de cámara asciende ya a 50.000 reales más cincuenta ducados para gastos de mantenimiento. En 1805, después de haber sufrido dos duros golpes con los fallecimientos de la joven duquesa de Alba y de su muy querido Zapater, se casa su hijo Javier, y en la boda conoce Goya a la que será su amante de los últimos años: Leocadia Zorrilla de Weiss.

El horror de la guerra

El 3 de mayo de 1808, al día siguiente de la insurrección popular madrileña contra el invasor francés, el pintor se echa a la calle, no para combatir con la espada o la bayoneta, pues tiene más de sesenta años y en su derredor bullen las algarabías sin que él pueda oír nada, sino para mirar insaciablemente lo que ocurre. Con lo visto pintará algunos de los más patéticos cuadros de historia que se hayan realizado jamás: el Dos de mayo, conocido también como La carga de los mamelucos en la Puerta del Sol de Madrid y el lienzo titulado Los fusilamientos del 3 de mayo en la montaña del Príncipe Pío de Madrid.

En Los fusilamientos del 3 de mayo, la solución plástica a esta escena es impresionante: los soldados encargados de la ejecución aparecen como una máquina despersonalizada, inexorable, de espaldas, sin rostros, en perfecta formación, mientras que las víctimas constituyen un agitado y desgarrador grupo, con rostros dislocados, con ojos de espanto o cuerpos yertos en retorcido escorzo sobre la arena encharcada de sangre. Un enorme farol ilumina violentamente una figura blanca y amarilla, arrodillada y con los brazos formando un amplio gesto de desafiante resignación: es la figura de un hombre que está a punto de morir.


Los fusilamientos del 3 de mayo (detalle)

Durante la llamada guerra de la Independencia, Goya irá reuniendo un conjunto inigualado de estampas que reflejan en todo su absurdo horror la sañuda criminalidad de la contienda. Son los llamados Desastres de la guerra, cuyo valor no radica exclusivamente en ser reflejo de unos acontecimientos atroces sino que alcanza un grado de universalidad asombroso y trasciende lo anecdótico de una época para convertirse en ejemplo y símbolo, en auténtico revulsivo, de la más cruel de las prácticas humanas.

El pesimismo goyesco irá acrecentándose a partir de entonces. En 1812, muere su esposa, Josefa Bayeu; entre 1816 y 1818 publica sus famosas series de grabados, la Tauromaquia y los Disparates; en 1819 decora con profusión de monstruos y sórdidas tintas una villa que ha adquirido por 60.000 reales a orillas del Manzanares, conocida después como la Quinta del Sordo: son las llamadas “pinturas negras”, plasmación de un infierno aterrante, visión de un mundo odioso y enloquecido; en el invierno de 1819 cae gravemente enfermo pero es salvado in extremis por su amigo el doctor Arrieta, a quien, en agradecimiento, regaló el cuadro titulado Goya y su médico Arrieta (1820, Institute of Art, Minneápolis). En 1823, tras la invasión del ejército francés los Cien Mil Hijos de San Luis, venido para derrocar el gobierno liberal, se ve condenado a esconderse y al año siguiente escapa a Burdeos, refugiándose en casa de su amigo Moratín.


Retrato de Goya de Vicente López

En 1826, Goya regresó a Madrid, donde permaneció dos meses, para marchar de nuevo a Francia. Durante esta breve estancia el pintor Vicente López Portaña (que se encontraba en su mejor momento de prestigio y técnica) realizó un retrato de Goya, cuando éste contaba ya con ochenta años. Enfrentado al viejo maestro, de rostro aún tenso y enérgico, López Portaña llevó a cabo la obra más recia y valiosa de su extensísima actividad de retratista, tantas veces derrochada en la minucia cansada de traducir encajes, rasos o terciopelos con aburrida perfección. Este lienzo, hoy en el Museo del Prado, es el retrato más conocido de Goya, mucho más, incluso, que los también famosos autorretratos del pintor.

El maestro murió en Burdeos, hacia las dos de la madrugada del 16 de abril de 1828, tras haber cumplido ochenta y dos años, siendo enterrado en Francia. En 1899 sus restos mortales fueron sepultados definitivamente en la ermita de San Antonio de la Florida, en Madrid, cien años después de que Goya pintara los frescos de dicha iglesia (1798).


Saturno devorando a un hijo (detalle)

En el Museo del Prado se conserva La joven de Burdeos o La lechera de Burdeos (1825-1827), una de sus últimas obras. Pero acaso su auténtico testamento había sido fijado ya sobre el yeso en su quinta de Madrid algunos años antes: Saturno devorando a un hijo, es sin duda, una de las pinturas más inquietantes de todos los tiempos, síntesis inimitable de un estilo, que reúne extrañamente lo trágico y lo grotesco, y espejo de un Goya, visionario, sutil, penetrante, lúcido y descarnado.